EXTREMOS
EXTREMOS
Despedida unos metros lejos de él, la marca de la billetera aún notoria observa, “Oscar de la Renta”. ¿Vivo o muerto?. El disturbio se aproxima y luego se aparta... ¡No, no es así!, lo piensa bien... talvez, es él quien se acerca y aleja, pero, ¿Porqué la extraña forma de sentirse atemporal? - cómo fue... (las voces...).
Tras vanos intentos abandona la idea de moverse... ¡Recuerdo, cuán necesario eres ahora!. No hay dolor, sólo sangre coagulada y olor a pavimento quemado cerca de sus bordes, alimentado por un gotero que se abre camino por toda su frente hasta caer ¡Cómo un gotero!,. Más olor a pavimento quemado, y una ambición: ¡Querer recordar!... (los curiosos en su fiesta, especulan...). Inaccesibles, lejanas, velozmente se marchan y aparecen las representaciones mentales desencadenando su furia en imágenes remotas... lejanas... muy allá.
Domingo de pie. El panorama: media noche, aún se sienten los rezagos del invierno, el paisaje característico de la zona céntrica de un barrio en los conos de Lima. Un semáforo. Un paradero informal. Aglomeración del transporte público, la lucha histórica por ganarse pasajeros. Malolientes frituras. Contaminación. Neblina. Gritos. Nada que altere el orden cotidiano del caos, excepto ese cuerpo horizontal que llama por instantes la atención de transeúntes zombis que rumorean un instante y se van para dar paso a otra historia similar.
Salió apresurado por la mañana luego de colgar el teléfono, con una lágrima hurgando sus pómulos hundidos y de ahí...¡Nada!... diseña reiteradamente presencias alteradas y evasivas. -Bajó del carro... se tambaleó... luego ese auto rojo...- siguen las voces. Sabe que hay algo más, mientras unas manos usureras se roban a Oscar de la Renta, consigue leer difusamente una dedicatoria escrita por... Sus ojos brillaron... ¡Fue de ella la voz en el teléfono!. La respuesta dilató más sus dudas.
-Semidesnudo lo botaron del carro...... se tambaleaba... ya va a ser una hora que está tirado... el impacto fue violento - Comprendió que toda su vida fue un escalofriante accidente. Huía, accidente... accidente... accidente, algo tenían que ver los hechos... Quizá si trataba de recordar menos... lo haría más...-parece que nos mira...cómo es la muerte-
Las hojas de papel en el piso escritas de una forma determinada al verso, se elevaban con el viento, besaban su rostro, él lo sabía pero no lo sentía... perdió toda sensibilidad, mas no la lucidez de intuir que esos pedazos de viento formaban parte de su sermoneada obra unos días antes publicada, y junto con ella volando de forma antagónica con las fauces de una fiera hambrienta, la crítica: “excesiva autobiografía”. Lo tomó por convicción, había que dar de comer a la hambrienta fiera. Basta de biografísmos. Pero toda convicción fecunda una duda. ¿Y su pasión desbordante por creer? Cómo se aborta lo que no te hace resistir. Cómo se elimina el goce morboso de no divulgar sus Pazoz . Era necesario rehacer las últimas horas de su normal existencia.
Luego de la llamada salió. Lloró, ciertamente ahora lo hacia más que beber y fumar. Le impactó la noticia. Era lo habitual. Pero esta herida iba más allá de lo tolerado, le laceraba incluso el porqué del aire. Era un día sensible, como eso días fatales en los que estás ¡Sensible!. Había prometido, por la critica, ¡necia crítica!, no escribir de sus males, desfogaría en su degradante empleo de profesor...
–alumnos la literatura es...
4pm. Dirección. Ingresar contraseña. Iniciar sesión. prometió a sus contactos darse un tiempo para ellos.
7pm. la esperó en el mismo lugar... jamás llegó. Intuyo que estaba en casa. Ruido del timbre. desde adentro un grito: -¡dije que hoy no quiero verlo!. ¿Había dejado de lado la lujuria? o talvez hartó su desenfreno en otros vicios, El grito fue aterrador desde un túnel infinito de faringes, grito hiriente... en sí... hiriente.
Un deseo impulsivo por escribir se apoderó de él, ¿Y la convicción? ¿Y la autobiografía? El mal hábito de respetar los compromisos y el apetito de caer en la deshonra reñían al margen de sus disposiciones. Sin embargo, ¿No vivía en todo el derecho? . Era tan simple, entre él y sus manos, entre él y su honestidad. ¿Y de ella? Su costumbre, buscarlo al día siguiente con la moral ultrajada, alcoholizada , o en sus palabras : “confundida”.
11pm. Su habitación, frío de entierro. En completo abandono y con el dorso desnudo dibujó en letras esta patraña, este grito, o “tus estupideces”. ¡la última y basta ya!. Al día siguiente improvisaría una clase de literatura quechua, ¿ pensar en eso ahora ?. Bebió la última copa de alcohol, clic en guardar archivo y se filtró el pecado, la historia volaba y dejó de pertenecerle. Al día siguiente los comentarios irían hacia él como buitres a la carroña.
12am. Duda, temor, vacilante, mediocre, etc. protegió con la funda su PC. dejó su habitación en un silencio sepulcral, es más todo cambiaba menos el silencio sepulcral... le pareció raro, hizo un gesto de asombro y lo dejo ahí.
En el paradero, hay un sujeto en medio del bullicio, dos brazos sujetan su cuello mientas otras manos hurgan sus bolsillos, siente cómo se va quedando descalzo, sin tiempo sin alma, se aferra como puede a sus recuerdos, a la foto en la que salen juntos, rodeándola con sus brazos y ella con una gran sonrisa, ¡con una gran mentira, tu inocencia ,otros eran esos tiempos, abre la puerta y...!
La billetera sin dinero, los recuerdos y la única foto juntos, se libraron del enredo. Un colectivo abre sus puertas, él de un brinco ya está adentro, lleno de incoherencias, ante la mirada atónita de los pasajeros que protestan porque su tranquilidad es perturbada. Hartos de sus griteríos y esquizofrénicas ofensas, el chofer ayudado por dos policías, que para estas cosas siempre están prestos a ayudar, lo bajaron en el cruce de esta avenida y de esta otra... dio dos pasos... se tambaleó iba a preguntar a un vendedor ambulante su ubicación, vio un auto rojo muy lejos y después cerca, demasiado cerca hasta sentir estallar sus órganos vitales. Todo es polvo que se disipa lentamente dejando un cuadro patético, lleno de ruido y de sirenas de ambulancias que suenan alarmadas... apártense a un lado... tómale el pulso... nada, no responde... intentemos con otros medios... nada... ya está muerto... aléjense por favor... hay que cubrirlo... pregunten si alguien lo conoce... parece que en sus manos...
Sus ojos violentos se rehusaban a ser cubiertos, pero cómo evitarlo, tal vez si les decía que ya recordaba la llamada... -aló...con... -sí soy yo... -anoche estuve tomando con unos amigos que conocí... son tan... lindos, me ganaron las copas y pues no fui... ¿y tú qué?, cómo estas... hoy tengo ganas de verte y hacerte el amor... anoche no lo hice tan bien como cuando lo hago contigo. ¡Habla! no te quedes callado. ¿No esperarás un ¡perdóname!?, ¡no me hagas reír! soy mucho para ti... contesta... esta bien perdóname... ¡habla ya que se me corta!, sí o no... tengo muchos planes... me enseñaron nuevos juegos... ¡¡¡no cuelgues!!!...
Vio caer a su billetera, ya acabada, ultrajada, husmeada, la devolvieron al no hallar dinero ni nada de qué hablar, de otro modo, la foto juntos y... etc. Habrían tenido un destino incierto...
Unos brazos extienden las páginas de un diario, lo más probable es que al día siguiente titule la noticia. Páginas baratas, llenas de mediocridad, mostrarán en portada el cuadro de su cuerpo tendido e ignorado, la apatía se paga saltándose a la sección “cultural”. Se extienden con violencia, ahogando su mirada impulsiva hasta sumergirlo en el vulgar paraíso de lo eterno infernal, cíclico ritual....
